El pueblo de los Estados Unidos pasa hambre mientras Trump gasta millones para invadir Venezuela

La administración Trump sigue intensificando sus amenazas de guerra contra Venezuela, mientras millones de personas en los Estados Unidos están a punto de perder beneficios esenciales.

Marines de EEUU

Los marines estadounidenses realizan un entrenamiento con fuego real en la cubierta de vuelo del USS Iwo Jima (LHD 7) en el mar Caribe, como parte del despliegue del SOUTHCOM. Foto: Marines estadounidenses / X

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El Gobierno de los Estados Unidos se encuentra sumido en uno de los déficits de financiación más prolongados de su historia. El actual cierre del Gobierno ya se ha prolongado más de 30 días y ahora la seguridad alimentaria de millones de estadounidenses está en peligro, ya que la financiación del Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP) se está agotando y los funcionarios de Trump se han negado a recurrir a los fondos de contingencia. Aproximadamente 42 millones de personas al mes dependen de las prestaciones del SNAP y las perderán a partir del 1 de noviembre.

Sin embargo, mientras la ayuda nacional se enfrenta a una grave crisis de financiación, la campaña de la administración Trump hacia la escalada militar contra Venezuela, que implica la acumulación de inmensos recursos navales en el Caribe, está costando millones de dólares al día. En la mañana del 31 de octubre, dos importantes publicaciones estadounidenses, el Miami Herald y el Wall Street Journal, confirmaron lo que muchos temían: los Estados Unidos pretende llevar a cabo ataques militares en territorio venezolano, una medida sin precedentes en la historia de ambos países.

Las prioridades de la administración son claras: austeridad y hambre para la clase trabajadora en el país, y gasto militar ilimitado con el objetivo de cambiar el régimen en el extranjero.

El costo de la guerra: 18 millones de dólares estadounidenses al día

Una vasta fuerza naval estadounidense, que según la administración es para operaciones antinarcóticos, ha sido desplegada en las aguas cercanas a Venezuela. La verdadera naturaleza de este despliegue queda patente por su composición y su costo: es una fuerza creada para la invasión. La escalada militar es grave y peligrosa, marcada por los continuos ataques extrajudiciales en el Caribe y el Pacífico y las amenazas explícitas de ataques terrestres. Hasta ahora, al menos 60 personas han muerto en al menos catorce ataques de este tipo desde principios de septiembre. Se ha confirmado que las víctimas son ciudadanos de Venezuela, Colombia y Trinidad y Tobago. La administración ha acusado a las víctimas de ser “narcoterroristas” sin aportar pruebas concretas. En varios casos, sus familiares han afirmado que los fallecidos eran pescadores.

La fuerza desplegada en el Caribe incluye el sofisticado y prohibitivamente caro Grupo de Portaaviones Gerald R. Ford. El costo inicial de adquisición del buque insignia, que es el portaaviones más grande del mundo, el USS Gerald R. Ford (CVN-78), fue de aproximadamente 13.300 millones de dólares. El Grupo de Ataque del Portaaviones que lo acompaña tiene un costo operativo diario estimado de entre 6 y 8 millones de dólares.

El despliegue se ve reforzado por buques de guerra como el destructor de la clase Arleigh Burke USS Jason Dunham, cuyo costo operativo diario es de aproximadamente 2 millones de dólares. Además, un gran buque de asalto anfibio como el Iwo Jima (un buque de la clase Wasp), diseñado para transportar y desplegar a miles de marines que forman parte de la fuerza naval, aporta entre 1 y 3 millones de dólares adicionales al día cuando se despliega.

El costo operativo diario total estimado de las operaciones militares estadounidenses, principalmente navales, centradas actualmente en el Caribe, es de al menos 18 millones de dólares al día. Desde su despliegue inicial a finales de agosto, esta fuerza naval ya ha costado a los contribuyentes estadounidenses más de 600 millones de dólares. Esta suma no hará más que seguir aumentando. El despliegue y el enorme gasto no han servido para frenar el flujo real de drogas hacia los Estados Unidos, mientras que la vital ayuda alimentaria interna pende de un hilo. La fuerza naval lista para invadir Venezuela consume cientos de millones mientras la gente en los Estados Unidos pasa hambre.

La escalada y el atractivo del petróleo venezolano

Las amenazas militares son más que una simple demostración de fuerza; se trata de una escalada activa que ha incluido ataques letales contra buques en el Caribe que ya se han cobrado decenas de vidas. El despliegue del grupo de portaaviones Gerald Ford y la decisión de atacar objetivos militares en territorio venezolano representan un cambio cualitativo, que va más allá de las sanciones y la retórica para pasar a una intervención militar directa.

El principal motor estratégico de esta agresión son las enormes reservas de petróleo de Venezuela. Durante décadas, el control de los suministros energéticos mundiales ha sido un elemento central de la política exterior estadounidense. El presidente Trump, al igual que Biden y Obama antes que él, ha considerado al Gobierno socialista de Nicolás Maduro como un obstáculo directo para hacerse con el control de las mayores reservas probadas de petróleo del mundo. Al desestabilizar el país e instalar un régimen dócil y respaldado por los Estados Unidos, la administración busca asegurarse un punto de apoyo estratégico en un mercado energético mundial clave.

La Doctrina Monroe reafirmada: geopolítica y hegemonía

El actual enfrentamiento con Venezuela no es un incidente aislado ni se limita al petróleo, sino que es un claro ejemplo de los objetivos geopolíticos más amplios de los Estados Unidos en la región. La administración Trump está actuando abiertamente bajo el espíritu de la Doctrina Monroe, la política del siglo XIX que proclamaba el hemisferio occidental, y concretamente América Latina, como esfera de influencia exclusiva de los Estados Unidos.

El objetivo es reafirmar su dominio y dictar la dirección política y económica de las naciones latinoamericanas. La resistencia de Venezuela a los modelos económicos neoliberales de los Estados Unidos y sus alianzas con otras potencias mundiales (como Rusia y China) se consideran una amenaza ideológica inaceptable. El despliegue naval sirve como un instrumento contundente para moldear la política latinoamericana, castigar a los adversarios ideológicos y enviar una señal clara a todos los Estados vecinos sobre los límites de la independencia soberana.

La continua presión militar, respaldada por sanciones devastadoras, está diseñada para asfixiar económicamente al país y forzar un colapso político. El despliegue de un grupo de ataque de portaaviones es el sustento militar de esta estrategia, que garantiza que, si la presión económica y política fracasa, la opción de la intervención militar siga siendo viable.

Una cuestión de voluntad política

La yuxtaposición del hambre interna y la agresión militar extranjera es la acusación definitiva contra el sistema político estadounidense. Por un lado, la administración afirma que no puede permitirse mantener redes de seguridad fundamentales como el SNAP, lo que afecta a la capacidad de millones de ciudadanos para alimentar a sus familias durante el cierre del Gobierno. Por otro lado, muestra una voluntad política inmediata e inquebrantable de gastar 18 millones de dólares cada 24 horas para mantener una flota capaz de iniciar un conflicto regional a cientos de kilómetros de la frontera estadounidense.

Las implicaciones son claras: el Gobierno estadounidense da prioridad a sus objetivos de cambio de régimen, control del petróleo y afirmación violenta de la hegemonía regional por encima de las necesidades humanas básicas de sus propios ciudadanos. Para los trabajadores de los Estados Unidos, la agresión hacia Venezuela no es un acto de necesidad, sino un gasto colosal e innecesario de recursos y vidas al servicio de una peligrosa ambición imperial.

Manolo De Los Santos es director ejecutivo de The People’s Forum e investigador del Tricontinental: Instituto de Investigación Social. Sus artículos aparecen regularmente en Monthly Review, Peoples Dispatch, CounterPunch, La Jornada y otros medios progresistas. Recientemente ha coeditado Viviremos: Venezuela vs. Hybrid War (LeftWord, 2020), Comrade of the Revolution: Selected Speeches of Fidel Castro (LeftWord, 2021) y Our Own Path to Socialism: Selected Speeches of Hugo Chávez (LeftWord, 2023).

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